Cursos de Teatro como herramienta de desarrollo emocional

Disfrutar de una actividad como el teatro te relaciona directamente con las emociones y amplía la capacidad personal para evocarlas, reconocerlas y a su vez poder transmitirlas. En una sociedad emocionalmente tan rutinaria, la transición de nuestras emociones provoca estados de ánimo que pueden ser incómodos de expresar a un público ajeno a nuestro entorno más cercano. El teatro, espacio amoral donde los haya, nos aporta el lujo del no juicio muy difícil de encontrar en otros espacios públicos. Nos permite transitar nuestros estados de ánimo y sentimientos en un entorno seguro que favorece la empatía y nos da la facilidad para investigar sobre lo que significa ponerse en la piel del otro. 

Los juegos dramáticos aportan infinidad de habilidades que nos proporcionan la posibilidad de trabajar con herramientas muy versátiles que activan nuestra capacidad de entender acciones y emociones. El teatro permite generar autoconfianza ante situaciones donde la exposición y el miedo escénico del momento nos llevan a situaciones de estrés y ansiedad. En un entorno dramatizado la libertad de jugar a ser otro nos permite tirarnos a la piscina de las propuestas sin miedo al error.

La oportunidad expresiva que nos brinda es también una de las grandes bazas del teatro en el campo emocional. El trabajo de habilidades expresivas verbales y no verbales nos permite elegir de manera consciente nuestra manera de expresarnos ante los demás y acertar a reconocer el lenguaje y expresividad de los otros. Recibiendo diferentes propuestas y aprovechando la interacción con el compañero o compañera de escena, el teatro nos genera la posibilidad de adoptar flexibilidad y adaptación a diferentes entornos.

La imaginación, la creatividad, la espontaneidad y el trabajo en equipo son también algunas de las grandes armas que el teatro nos regala. Reducir la rigidez que puede crearse en algunas situaciones sociales comunes, abrirnos un enriquecedor campo de posibilidades creadoras con el surgimiento improvisado de ideas y recursos, poner sobre la mesa una situación de conflicto real con la idea de recorrer y visitar diferentes puntos de vista hasta conseguir la resolución desde la perspectiva del “como si fuera otro”. La escucha activa, herramienta imprescindible en el teatro que a su vez también servirá en escenas convencionales de nuestro día a día.

Y como cierre de este proceso emocional que genera el teatro, la evaluación, la clave que permite la valoración sobre el trabajo realizado, la reflexión sobre el resultado obtenido y sobre todo, la aparición y descubrimiento de zonas de mejora. ¿Quieres conocer más detalles de cómo el teatro ayuda a nuestras emociones?  Pincha aquí

Hacer teatro es expresar despertar jugar descubrir divertirse improvisar reír dejarse llevar